La historia del flamenco está llena de figuras que marcaron época, pero algunas de ellas han permanecido durante décadas en un segundo plano. Entre esos nombres fundamentales se encuentra Miguel Borrull Castellón (1864-1926), un guitarrista valenciano que llegó a convertirse en una referencia del toque flamenco entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su trayectoria es un ejemplo de talento, esfuerzo y visión artística, capaz de transformar unos orígenes modestos en una carrera de gran prestigio dentro del mundo del flamenco.
En su tiempo, el tratamiento de «don» no se otorgaba con ligereza. Se reservaba a personas cuya relevancia social o profesional era indiscutible. Por ello, el hecho de que muchos contemporáneos se refirieran a él como don Miguel Borrull refleja el respeto que despertaba entre músicos, cantaores y aficionados.
De Valencia al corazón del flamenco
Miguel Borrull nació en Valencia en 1864, en el barrio del Carme, en el seno de una familia gitana. Aunque no existían antecedentes musicales directos en su entorno familiar, pronto mostró un talento excepcional para la guitarra.
Su formación fue amplia y diversa. Además de empaparse del flamenco en ambientes artísticos de ciudades como Sevilla y Madrid, también tuvo contacto con la guitarra clásica. Durante un periodo estudió con el célebre guitarrista Francisco Tárrega, lo que influyó notablemente en su forma de tocar. Esa combinación de técnica clásica y sensibilidad flamenca marcaría su estilo y lo distinguiría de otros guitarristas de su generación.
Esta doble formación le permitió desarrollar dos facetas importantes: la de acompañante al cante y al baile, esencial en el flamenco, y la de intérprete solista, algo menos habitual entre los tocaores de su época.
El guitarrista de los grandes cantaores
A partir de la década de 1880 comenzó su actividad profesional con intensidad. Muy pronto empezó a colaborar con figuras destacadas del cante, entre ellas Antonio Chacón, uno de los cantaores más influyentes del momento. Con él compartió escenarios y grabaciones, consolidando una relación artística que marcaría su carrera.
También acompañó a intérpretes como:
- El Mochuelo
- Dolores La Gaditana
- Antonia La Malagueña
- El Berea
Las primeras grabaciones de Borrull se realizaron alrededor de 1899 en cilindros de cera, el sistema fonográfico más avanzado de la época. Aunque muchos de esos registros se han perdido, se sabe que fue uno de los primeros guitarristas en grabar piezas solistas de guitarra flamenca, un hecho de enorme relevancia histórica.
Innovaciones en el toque
El nombre de Miguel Borrull está vinculado a varios hitos del toque flamenco. Tradicionalmente se le ha relacionado con la creación o difusión de estilos importantes dentro del repertorio guitarrístico.
Entre las aportaciones que se le atribuyen destacan:
- Una versión temprana del toque por rondeña, conocida posteriormente como La destemplá.
- Contribuciones al desarrollo del toque de levante, especialmente en el acompañamiento de malagueñas.
- La utilización de determinados tonos que más tarde se popularizarían en tarantas y otros estilos levantinos.
Aunque algunos de estos avances fueron popularizados después por otros guitarristas, el papel pionero de Borrull resulta hoy cada vez más reconocido por los investigadores.
«Su figura representa el espíritu de una época en la que el flamenco comenzaba a consolidarse como arte profesional y a difundirse por toda España. Acompañante de grandes cantaores, pionero en las grabaciones y promotor cultural, don Miguel Borrull merece ocupar un lugar destacado en la historia de la guitarra flamenca»
El Café Villa Rosa y la vida artística en Barcelona
Una de las etapas más interesantes de su trayectoria tuvo lugar en Barcelona, ciudad a la que se trasladó después de pasar por Sevilla y Madrid. Allí inauguró en 1916 el Café Cantante Villa Rosa, un local que pronto se convirtió en uno de los epicentros del flamenco en la ciudad.
Situado cerca de La Rambla, el establecimiento reunía cada noche a artistas y aficionados. Por su escenario pasaron numerosas figuras del cante, el baile y la guitarra, mientras que entre el público se encontraban intelectuales, pintores y escritores.
Durante aproximadamente una década, el Villa Rosa vivió una auténtica edad dorada del flamenco en Barcelona, contribuyendo a difundir este arte más allá de Andalucía.
Una saga flamenca única
El legado de Miguel Borrull no se limitó a su propia carrera. Su familia se convirtió en una auténtica dinastía flamenca. Sus hijos y descendientes continuaron vinculados al arte, tanto en la guitarra como en el baile.
Entre los miembros de esta saga destacan:
- Isabel Borrull – bailaora
- Julia Borrull – bailaora
- Concha Borrull – bailaora y maestra de danza
- Trini Borrull – bailaora
- Dolores Borrull – guitarrista
- Miguel Borrull hijo – guitarrista
Tres generaciones enteras dedicadas al flamenco convierten a esta familia en un caso singular dentro de la historia de este arte.
El impulso de la escuela catalana de guitarra flamenca
La actividad de Borrull en Barcelona tuvo consecuencias duraderas. Sus conocimientos, su forma de enseñar y su experiencia como concertista influyeron en la formación de lo que posteriormente se conocería como escuela catalana de guitarra flamenca.
Esta tradición guitarrística se caracteriza por:
- El cuidado técnico heredado de la guitarra clásica,
- La capacidad de interpretar repertorio solista de concierto,
- Una forma particular de acompañar el cante.
Generaciones posteriores de guitarristas catalanes heredaron esta línea pedagógica y artística.
Un legado que comienza a recuperarse
Durante mucho tiempo, la figura de Miguel Borrull quedó parcialmente eclipsada por otros grandes guitarristas históricos. La pérdida de muchas de sus grabaciones y la escasez de estudios dedicados a su vida contribuyeron a ello.
Sin embargo, la investigación reciente ha permitido reconstruir con mayor precisión su biografía y su aportación al flamenco. Especialmente relevantes son los trabajos de la investigadora y etnomusicóloga María Jesús Castro, que ha reunido documentos, testimonios familiares y material histórico para arrojar nueva luz sobre este maestro de la guitarra.
Gracias a estas investigaciones, hoy sabemos que su influencia fue mayor de lo que durante décadas se creyó.
Un nombre imprescindible en la historia del flamenco
Miguel Borrull falleció en Barcelona en 1926, dejando tras de sí una trayectoria marcada por la innovación, el talento y la capacidad de abrir caminos para futuras generaciones de guitarristas.
Su figura representa el espíritu de una época en la que el flamenco comenzaba a consolidarse como arte profesional y a difundirse por toda España. Acompañante de grandes cantaores, pionero en las grabaciones y promotor cultural, don Miguel Borrull merece ocupar un lugar destacado en la historia de la guitarra flamenca.
Recordar su legado no solo es un acto de justicia histórica, sino también una forma de comprender mejor la evolución de uno de los instrumentos más emblemáticos del flamenco.
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