La guitarra que nació en una taberna

Publicado el 06 febrero 2024

 

Las personas que nos conocen saben de sobra que nos gusta el flamenco en general. Es nuestra pasión y nuestra forma de vida. Sin embargo, el toque tiene algo especial. Un no sé qué que qué se yo. Ains, la guitarra flamenca. En nuestro blog hemos escrito alguna que otra cosilla sobre este mágico instrumento. Por ejemplo, sobre los tipos de madera que se emplean en su construcción o algunas curiosidades básicas. En este artículo queremos contarte una historia. La de la guitarra flamenca que nació en una taberna. ¡Vente!

 

Empecemos por el principio, como toda buena historia, aunque algunas lo hagan por el final. Quizá no lo sepas o no lo recuerdes, pero debemos arrancar con la palabra lutier, que es un término que designa según la Real Academia Española de la Lengua desde 1649 al «fabricante de instrumentos de cuerda punteada o frotada».

Esta historia comienza con el maestro José Pérez, un artesano de la madera y las cuerdas. Meticuloso productor de instrumentos musicales como la guitarra. Un artista, porque para muchos la acción de un lutier es un arte en sí. Basta con verlos trabajar un ratito para entender de lo que hablamos.

En 2022, Jesús Alamillos, de taberna La Fuenseca, en Córdoba, un lugar que respira flamenco por los cuatro costados, se acercó al taller de Graciliano Pérez para encargar una guitarra. Esta sería la primera guitarra en propiedad, ya que todas las que había tenido hasta la fecha habían pertenecido a su abuelo.

En el taller, donde trabajaba José Pérez –hermano de Graciliano–, le enseñaron los diferentes tipo de maderas con las que podían fabricar la guitarra. Así el guitarrista podía elegir. Ya hablamos de las maderas de este instrumento en otro artículo, ¿recuerdas?

Como bien se recoge en un reportaje publicado por El Día de Córdoba, Jesús Alamillos eligió este taller por ser «unos de los mejores constructores que hay en Córdoba… por el sonido de sus instrumentos».

 

 

«Desde Artes Escénicas Rebollar queríamos contar esta historia como homenaje a esos artesanos que dedican cuerpo y alma a que cada guitarra sea especial con un toque y un sonido únicos. Y si te ha entrado el gusanillo y quieres tener tu propia guitarra y aprender a tocarla, vente con nosotros. Visita nuestra academia en Sevilla y aprende guitarra flamenca»

 

 

Hasta ahí todo normal, pero al bueno de José Pérez –que alguna que otra vez ha estado en la taberna La Fuenseca– se le ocurrió algo inusual. En una de las visitas a este establecimiento pensó que sería buena idea que se iniciase la construcción de la guitarra de Alamillos allí mismo, en esas paredes que han vivido tanto.

La idea de José Pérez no era otra que la de iniciar la construcción de la guitarra allí con la tapa, el tallado y pegado de abanico, lo que realmente da el sonido. Para luego terminarla en el taller. «Así el sonido nacería dentro de la taberna», explica el protagonista al citado diario.

Así lo hicieron. José Pérez empezó con el tallado para imprimir el timbre de la casa, un lijado para finar y dejar pulimentada la tapa por dentro y finalmente encolar el abanico. Cuando se secó, talló las barras y abanico para recuperar el timbre inicial que se vio al inicio del tallado a cuchillas.

Para el fondo y los aros eligió madera de ciprés, mientras que para la tapa se optó por madera de cedro rojo de Canadá. Un dato a tener en cuenta, ya que el tipo de madera de la tapa le aporta matices diferentes al timbre. «Lo que es el timbre de la casa, ya sea pino, abeto o cedro, va a tener una característica común, pero el tipo de madera concreto te aporta unos matices armónico o de duración de nota», explica el propio José Pérez.

Una bonita historia sobre un establecimiento que lleva abierto desde 1986, cuando Graciliano Pérez –médico de profesión– decidió abrir su propio taller tras vivir desde pequeño cerquita del taller de Miguel Rodríguez Beneyto, donde encargó su primera guitarra. En 1995 su hermano José le acompaña en el oficio.

Graciliano y José suelen tardar un par de mes o tres en hacer una guitarra. Solo por encargo. De su taller sale una veintena al año. Producción bastante pequeña, que le aporta aún más valor artesano a cada pieza. Miembros de la familia de Los Tomates, Rafael Trena o Guillermo Salinas tienen guitarras salidas de este taller. También es propietario de uno de sus instrumentos Raimundo Amador, y Vicente Amigo publicó su disco Tierra con otra de estas guitarras.

Desde Artes Escénicas Rebollar queríamos contar esta historia como homenaje a estos artesanos que dedican cuerpo y alma a que cada guitarra sea especial con un toque y un sonido únicos. Y si te ha entrado el gusanillo y quieres tener tu propia guitarra y aprender a tocarla, vente con nosotros. Visita nuestra academia en Sevilla y aprende guitarra flamenca.

 

Imagen superior: Guitarrería Graciliano Pérez. Foto: web Graciliano

 

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